¿Cuanto queda, mamá?


cuanto queda

Las piscinas son fundamentales para entretener críos desde el mismo momento que los parques al sol se hacen insufribles por el calor. El mantener los niños en remojo toda la tarde asegura juego, ejercicio, hambre en la cena y sueño reparador.

No le veo nada más que cosas positivas, añadir la relación con otros críos, juego colectivo y para los padres igualmente juego con los peques o lectura sosegada, charla con vecinos y amigos o simplemente chiringuito piscinero con todas sus bondades que no voy a detallar. Los que viváis al borde del mar cambiar las palabras piscina por playa y no deis envidia a los que vivimos alejados.

Estaréis pensando, ahora este viene con que si son peligrosas, cuidado que no se os ahoguen que tienen que durar los niños muchos años, que si riesgos de insolación, etc. Pues no, que no quiero ser gafe y si ser positivo.

Ya se que os habéis ocupado de llevarlos a matronatación o a la piscina del cole para que aprendan a nadar, en ese caso la piscina o el mar ya no son tan peligrosos porque aunque se caigan o se accidenten como saben flotar dará tiempo a ayudarles.

Solo voy a criticar a las antiguas que seguís con la manía de dejar a los pobres críos dos o tres horas sin poder bañarse después de comer, costumbre ancestral que llega de mano de las abuelas para castigar la siesta de los padres

¿Cuanto queda?

Pongamos un caso: Comilona copiosa que sale hasta por las orejas, el niño se mete corriendo donde cubre en pleno calor de mediodía, pues es muy probable que le de un “chungo” y sufra una parada. ¿cuanto queda?

Otro caso, ha comido poco, bien, le obligamos a estar dos horas que pasa jugando a las palas con su padre o rebozado en la arena de la playa haciendo una replica del castillo de Coca que al abuelo le gustó mucho cuando lo visitaron. Cada cinco minutos

¿Cuanto queda?

Dos horas de construcción a la solanera que termina el niño cual croqueta, suena la campana, dos horas, 120 minutos, 7.200 segundos de agonía tocan a su fin y al agua, salen corriendo papa e hijo y les da el patatús a los dos.

¿Entonces que hacer?

Parece evidente que tener juicio y sobre todo no sufrir un choque de temperaturas que es lo que realmente puede darnos un susto. Un cuerpo acalorado por el exceso de comida o por el ejercicio o por las dos cosas puede ocasionar un shock importante con perdida de presión sanguínea mareo y desvanecimiento, que si nos pilla en alta mar o donde cubre nos puede dar un buen susto.

Si estamos recién comidos o acalorados, o el niño lleva dos horas al sol, pues lo primero bajar la temperatura corporal, refrescar brazos, piernas, cuello y poco a poco todo el cuerpo, y luego meternos en el agua poco a poco y permanecer un rato donde no cubre que también se puede jugar allí.

A la más mínima sensación de encontrarse raro, mareado, con nauseas o visión borrosa salir lo más rápido posible y pedir ayuda.  Dejar la partida y bañarse con ellos en esos primeros minutos.

El guardar y hacer guardar dos horas de digestión puede ser contraproducente si las aprovechamos para tomar el sol, jugar una partidita de palas con los niños, o achicharrarnos haciendo castillos de arena y luego a la voz de “tonto el último” nos adentramos en el mar.

No hay porque sufrir el castigo de la espera, pero al entrar al agua con prudencia.

Artículo publicado previamente en la revista SER PADRES de julio 2015

Deja un comentario